He cambiado mis sábados por ir a la eucaristía, cambie mis jueves de descanso por asistir a la comunidad y he perdido mucho por ello, perdí amigos que no necesitaba, perdí salidas que me hacían daño pero sobre todo perdí el orgullo, cuando sigues a Cristo eres humillado tantas veces que te vuelves humilde, pierdes tanto que la arrogancia, el egoísmo y todo lo que te hace mal en tu corazón lo pierdes Como lo he perdido yo.
Tal vez muchos digan que desperdicio mi juventud pero esta paz interior no la cambio por mil salidas, lo admito el camino no es nada fácil y tiene sus obstáculos pero la meta es gratificante incluso más que cualquier logró que pudieras alcanzar.
Me canse de buscar el propósito de vivir y justo en ese momento entendí que mi único propósito es agradar a quien me dio la vida ¡Dios!
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